Con motivo del Día Internacional contra la Explotación Sexual y la Trata de Mujeres, Niñas y Niños, fapmi-ECPAT España pone el foco en cómo determinadas creencias y percepciones pueden influir en el reconocimiento de la explotación sexual infantil y adolescente y en las respuestas de protección que ofrecemos a quienes la sufren.
La explotación sexual de niñas, niños y adolescentes constituye una grave vulneración de sus derechos que puede producirse en diferentes contextos y adoptar distintas formas. Su reconocimiento, sin embargo, no depende únicamente de identificar las circunstancias en las que se produce, sino también de cómo interpretamos las situaciones que pueden estar vinculadas a ella.
Determinadas creencias, prejuicios o ideas preconcebidas pueden condicionar nuestra percepción de la explotación sexual, dificultar la identificación de situaciones de violencia e influir en la respuesta que reciben las niñas, niños y adolescentes que las sufren.
Expresiones como ‘sabía lo que hacía’, ‘ha aceptado regalos’, ‘es una relación’ o ‘si no ha pedido ayuda, será porque no quiere’ reflejan algunas de las interpretaciones que pueden surgir ante determinadas situaciones y que requieren una mirada más amplia, capaz de tener en cuenta las circunstancias de cada persona y las dinámicas que pueden estar presentes.
Comprender las circunstancias para reconocer la explotación sexual
La explotación sexual infantil y adolescente puede desarrollarse en contextos caracterizados por desigualdades de poder, relaciones de dependencia, manipulación o situaciones de vulnerabilidad que dificultan su reconocimiento y limitan las posibilidades de acceder a mecanismos de protección.
La existencia de una relación afectiva o de confianza, por ejemplo, no permite descartar que puedan estar produciéndose dinámicas de explotación sexual. Del mismo modo, la aceptación de regalos, dinero u otros beneficios debe comprenderse atendiendo a las circunstancias en las que se produce el intercambio y a las posibles relaciones de poder, dependencia o control.
Estas situaciones ponen de manifiesto la importancia de evitar interpretaciones simplificadas que puedan trasladar la responsabilidad a las personas menores de edad o condicionar su reconocimiento como víctimas a determinadas conductas o respuestas.
La ausencia de una denuncia o de una petición expresa de ayuda tampoco permite descartar una situación de explotación. El miedo, la vergüenza, la dependencia emocional o económica, la falta de información o las dificultades para acceder a recursos de apoyo pueden constituir barreras importantes para comunicar lo que está ocurriendo.
Por ello, reconocer la explotación sexual requiere comprender las circunstancias en las que se encuentran niñas, niños y adolescentes, identificar los factores que pueden limitar su capacidad de pedir ayuda y garantizar que las respuestas de protección atiendan a sus necesidades y derechos.
Cambiar la mirada también es una forma de proteger
La prevención de la explotación sexual infantil y adolescente requiere fortalecer los mecanismos de detección y respuesta, abordar los factores que incrementan el riesgo y promover entornos seguros y protectores.
Pero también implica revisar las creencias y percepciones que pueden condicionar nuestra manera de interpretar determinadas situaciones, especialmente cuando estas contribuyen a minimizar la violencia, responsabilizar a quienes la sufren o dificultar su acceso a la protección.
Promover una comprensión de la explotación sexual basada en los derechos de la infancia y la adolescencia supone reconocer que las experiencias y circunstancias de cada niña, niño o adolescente pueden ser diferentes y que las respuestas deben adaptarse a sus necesidades, evitando prejuicios, estereotipos y cualquier forma de culpabilización.
En este sentido, las administraciones públicas, los profesionales, las organizaciones especializadas, las familias y la sociedad en su conjunto desempeñan un papel fundamental en la creación de entornos capaces de reconocer situaciones de riesgo, escuchar a niñas, niños y adolescentes y ofrecer respuestas adecuadas y accesibles.
Con motivo del 23 de septiembre, desde fapmi-ECPAT España queremos recordar que nuestra manera de comprender e interpretar la explotación sexual también influye en cómo respondemos ante ella.
Cambiar la mirada, cuestionar las ideas preconcebidas y comprender las circunstancias de quienes sufren explotación sexual constituye un paso necesario para avanzar hacia una protección efectiva de los derechos de toda la infancia y la adolescencia.




